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Por P. J. SÁINZ

Antes de recibir a Cristo como su Señor y Salvador, la maestra de educación especial Irma Beltrán solía celebrar el Día de los Muertos con un altar en su salón de clases en San Ysidro.

Ella les enseñaba a sus alumnos todas las tradiciones de la festividad mexicana: desde las calaveras de azúcar hasta las calaveritas (poemas cortos y divertidos).

“Solía conmemorar el Día de los Muertos todos los años. Quería que mis alumnos aprendieran ese lado de la cultura mexicana”, dijo Beltrán. “Solía creer que rezarle a los familiares muertos era bueno. Quería que me bendijeran, porque pensaba que estaban más cerca de Dios”.

Beltrán dejó de celebrar el Día de los Muertos en cuanto recibió a Jesucristo como su Salvador hace ocho años.